La obra impresa

img_91671¿Qué sucede cuando, después de mucho trabajo, llega hasta tus manos la obra impresa? Curiosamente, sucede menos de lo que uno espera porque ver tanto esfuerzo (en horas de trabajo) reducido a un taco de papeles cosidos… resulta algo desesperanzador. Pones todas tus esperanzas en publicar tu novela y, cuando lo consigues, es una más es una estantería. El problema es que, entre el proceso creativo y el resultado final, hay un lapso de tiempo que nos distancia de lo que hemos creado. Como cuando un director de cine rueda una película que no se estrena hasta pasados unos meses, cuando asiste al estreno, ya está inmerso en una nueva película (un nuevo proceso creativo) y lo que observa es el pasado, algo que ha debido ser olvidado para enfocarse en el nuevo proyecto. Con las novelas impresas sucede lo mismo, quien escribe siempre está escribiendo, por eso mismo cuando recibes el ejemplar impreso, es una sensación como de “¿esto es mío, realmente?”. Después ojeas la novela y te das cuenta que las fuentes tipográficas quizás no sean las adecuadas, que podrías haber escogido otra portada, relees algún párrafo y te gustaría reescribirlo o incluso descubres algún error ortográfico que se le ha pasado a todo el mundo por alto. El hijo del que no te acordabas, además ha llegado despeinado. ¿Qué hacer? La solución es aún más simple: cuando pones FIN al final de tu obra y te dedicas a un nuevo proyecto, has de entender que la obra recién finalizada es un hijo que ya camina solo. Y ya sabemos qué pasa con los hijos…

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