Primeras reseñas

Ya he recibido las primeras dos reseñas de la novela y he de decir que los lectores, me temo, han sido demasiado generosos (casi tan generosos como yo abrumado). MIL GRACIAS.

“Con esta novela, Ricardo Roces marca un hito en la novela satírica moderna, pues es capaz de crear una disparatada aventura que le atrapará desde el principio hasta el final con absurdas situaciones, que en el fondo no hacen más que reflexionar sobre los problemas primordiales del ser humano: la vida, la muerte y su significado.
La ligereza de la grava es un metáfora maravillosa donde desde la dicotomía de su título, hasta su dulce final, el autor nos adentra en una aventura donde no hay ni héroes ni princesas, si no seres humanos comunes y corrientes (y algunos extraordinariamente corrientes), cuyo objetivo en la vida es el más pragmático y escencial de todos: vivir y hacer de tu vida algo significante, dentro de la paradoja en la cual lo que es significante para unos es absolutamente insignificante para otros.
Pero la genialidad de esta novela, es el plantear toda esta discusión casi filosófica, desde un tono literario ligero y completamente accesible e hilarantemente gracioso, que permite que uno medite sobre estos temas, sin sentir el peso de la gravedad que generalmente se asocia con el sujeto de la muerte.
Hermosa contradición, en una hermosa novela de filosofía y humor.”

La segunda reseña la pongo como extracto pues pertenece a un texto mas largo (y personal):

“Dicen que un libro es bueno cuando después de leerlo ya no vuelves a ser la misma persona. Puedo decir, pues, que “La ligereza de la grava” es un buen libro.
¿Que ha cambiado en mi gracias a ese libro? Mi pasión por la lectura, principalmente. Antes, pocos libros me gustaban. Solía pensar que una novela solo era digna de leer si cumplía ciertos estúpidos requisitos: el tema, la forma de escribir, el léxico, pero lo que más importante solía ser para mí era la empatía. Necesitaba empatizar con el protagonista, necesitaba saber que aquel personaje podía parecerse a mi en cierta manera para poder ponerme en su piel. Me equivocaba.
El personaje de esta historia no tiene nada que ver conmigo, es totalmente opuesto a mí. No es alguien con quién me gustaría tomar un café y mucho menos leer un libro completo sobre su vida. Sin embargo, me dio pena. Sufrí por y con él. Sentí tanto que creo que irá a esa estantería reservada para los libros que realmente me han marcado.
Siento ese vació en mi corazón ahora, ese espacio en tu alma que deja un amigo cuando se va. Dios… lo releería una y otra vez solo para poder recordar cada pequeño detalle, para no olvidar nunca lo que sentí mientras lo leía. Recuerdos… sentimientos olvidados… inspiración… y lo más importante: felicidad.
Tantos años… tanto dolor… y… ¡lo tenía justo delante de mis narices! En fin, balbuceos de una lectora empedernida y una sufridora nata.
Decir que cada día que he abierto esas páginas ha sido como volver a esos días que me refugiaba en los libros. Esos tristes días que recuerdo con tanta felicidad por las mil y una historias que he conocido gracias a ellos. La oscuridad viene y se va, y son las pequeñas cosas como las buenas historias lo que nos ayuda a seguir adelante. Esos cinco minutos en el tren camino a la escuela. Esa media horita antes de irte a dormir, ese espacio muerto entre clase y clase… Eso marca la diferencia. No separarte de él por si tienes dos segundos para continuar la historia. Ocultarlo tras un bloc de dibujo para leerlo cuando supuestamente deberías estar dibujando. Ese mundo que te abre…
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