Comprar sin pagar (o la vergonzosa justificación del sinpa)

Lo reconozco, me he convertido en un delincuente: anoche me fui de un local sin pagar lo último que consumí (todo legal, aclaro). Lo que se conoce vulgarmente por hacer un “sinpa”, vamos. No se si resulta más descorazonador hacer un sinpa recién cumplidos los cincuenta años o que hasta los cincuenta nunca haya hecho antes un sinpa. El vaso medio vacío o medio vacío. Debe ser la resaca que aún sigue aferrándose a mis escasas neuronas. Podría argumentar que tardaron mucho en servirnos, que se equivocaron con las copas o que los lavabos parecían salidos de una entrega de “50 sombras de Grey”, aunque todo eso sería una excusa de mal pagador (o no pagador). Y es que el local también tenía cosas magnificas, muchas, demasiadas. Así pues, la excusa del sinpa no me convence ni a mí, que soy abogado defensor. Podría decir también que he estado toda la noche sin dormir o que ahora mismo la culpa corroe mis entrañas, pero resulta que he dormido como un bebé y que lo único que corre mis entrañas son los últimos coletazos de la cena luchando por abrirse paso.

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¿Por qué hablo en este blog de literatura sobre todo esto? Porque mi nueva carrera delictiva me ha retrotraído a otra anterior: la de descargar ilegalmente películas, música… y libros. En efecto, lo reconozco, me he descargado algún que otro libro, hurtándole al autor alguna de sus míseras regalías. Y, lo más irónico de todo, hace poco descubrí mi novela en una página donde podías descargártela gratuita e ilegalmente (la misma página donde yo me descargaba novela de otros). Justicia poética, otros le llaman “karma”, o sea que ahora soy un delincuente y, como consecuencia, otros se comportan como delincuentes conmigo, con mi obra. Por supuesto, esos gintonics que dejamos sin pagar anoche también eran obra de alguien, de un camarero al que le gusta recibir su sueldo a fin de mes.

Pero relativicemos un poco todo… porque esta delincuencia de salón es tan vergonzosa como inofensiva. No he matado a nadie ni nadie me ha matado. Así pues, el castigo, la culpa o el dedo que te señala debería ir en función del delito.

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No me quejo porque alguien se descargue ilegalmente mi obra. Es más, diría que lo agradezco porque considero que cualquier autor que se precie pone por delante el que su obra llegue a todos lados que el convertirse en el juntaletras más rico del barrio.

A pesar de todo eso, lo reconozco: anoche, durante unos minutos, me convertí en un maleante tambaleante. Y eso no tiene perdón. Eso sí, fue un Bonnie & Clyde en toda regla porque fue ella quien me empujó al delito.

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2 comentarios sobre “Comprar sin pagar (o la vergonzosa justificación del sinpa)

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