Música (o ruido) para escribir mejor

Existen muchas maneras (legales e ilegales) de estimular la creatividad. Todos sabemos de escritores, músicos, actores, pintores, etc. que utilizaron las drogas a modo de recurso creativo e incluso pagaron con su vida esta práctica. Las drogas nunca convertirán a un inútil en el paradigma de la creatividad, pero sí que pueden ayudar a quien haya sido tocado por la varita de la diosa Aglaya.

En realidad, lo que hacen algunas drogas es disminuir la actividad del lóbulo prefrontal, lo cual permite fluir al pensamiento espontáneo: al bloquear el juicio, la moral y el pensamiento social, se liberan pensamientos más ilógicos u originales como consecuencia de la conexión de nuestra parte racional con la parte del cerebro que almacena ideas y conocimientos (almacenados previamente en el cerebro). Esta ordenación ilógica de conocimientos reales es lo que permite una creación diferente a cuanto conocemos.

A costa de nuestra salud, claro (todos conocemos como acabaron muchos de estos artistas).

¿Existe alguna otra manera de estimular la creatividad sin riesgo para nuestra salud? Por supuesto, existen cientos, desde leer a autores que nos estimulen, hasta un ambiente propicio para la creatividad o la música. Aunque ahora voy a centrarme únicamente en los estímulos sonoros. Para escribir yo utilizo dos tipos de estímulos sonoros, a saber: los propios de la vida (el murmullo de la gente en un bar, el sonido de la lluvia o los truenos) y la música.

Aquí os dejo algunos enlaces de generadores de sonido ambiente (todo son páginas web y todas gratuitas):

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En cuanto a los ruidos propios de la vida diaria, parece incomprensible, pero existen ciertos sonidos que estimulan nuestra creatividad. Incluso existen páginas donde nos sirven un catálogo de estos sonidos a modo de estímulo. Personalmente utilizo los ruidos propios de la cafetería, la lluvia o el traqueteo del tren. Estos sonidos son estimulantes, pero lo son a corto plazo porque demasiado tiempo con este sonido repetitivo acaba dando el resultado contrario.

En cuanto a la música, si la escogemos adecuadamente, puede resultar de lo más estimulante tanto a corto como a largo plazo (incluso en largas sesiones de escritura). Lo primero que hago es crearme una lista de reproducción (en spotify o en youtube) donde voy añadiendo aquellas músicas que creo más acorde al texto que voy a escribir (que mejor me estimulen). Siempre utilizo música de películas e intento huir de la épica. Es decir, utilizo música que subraye pero que no empuje (es decir, que acompañe, no que dirija). Encontrar ese tipo de música no me resulta especialmente complicado porque soy un obseso de las bandas sonoras (desde pequeño) y es un mundo que domino de forma inconsciente. Incluso antes de confeccionar la lista de reproducción, mi cabeza ya tiene en mente que piezas de que bandas sonoras serán las adecuadas. A medida que avanzan los días y la escritura, la lista de reproducción cambia, eliminando algunas piezas y añadiendo otras (de forma paralela al texto). Al final tenemos una lista de piezas que nos (me) ayudan a escribir día tras día sobre el mismo tema. Pero cuidado: solo nos empujan, nada más… si no sabemos de qué escribir o no sabemos escribir, el escuchar música será tan útil para nuestra creatividad como meter la cabeza en un cubo de lejía.

Aquí os dejo la lista de música que utilicé mientras escribía “La ligereza de la grava” (pinchar en el icono YOUTUBE)

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Utilizar música para escribir es un recurso habitual de cualquier escritor, Milan Kundera y Javier Saramago escribían acompañados de Beethoven, Juan Marsé y Julio Cortazar acompañados de jazz, Gabriel García-Márzquez con música de The Beatles.

Uno de los escritores que más han explicado la conexión entre música y literatura (intengradola incluso como un personaje más de sus novelas) es Stephen King quien asegura que crea sus novelas al ritmo de música heavy a todo volumen. En su libro “Mientras escribo” dice: “Conviene dentro de lo posible que en el ambiente de trabajo no haya teléfono, y menos televisión o videojuegos para perder el tiempo. Yo trabajo con la música a tope (siempre he preferido el rock duro, tipo AC/DC, Guns n’ Roses y Metallica), pero solo porque es otra manera de cerrar la puerta. Me rodea, aislándome del mundo. Escribir consiste en crearse un mundo propio

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Fotografía de la (infame) banda de rock “Rock Bottom Remainders” cuyos integrantes son reconocidos novelistas.

En mi caso no escucho canciones al uso (es decir, huyo de la voz) porque cualquier palabra que escuche me distrae de mis propias palabras (aunque este en otro idioma, curioso ¿verdad?). Se trata, simplemente, de encontrar aquello que os resulte más estimulante y no os castigue el hígado o destruya vuestras neuronas.

Quizás otra solución consista en huir de la música como elemento catalizador de la creatividad. Vladimir Nabokov (autor de “Lolita”) escribía en un piso absolutamente insonorizado de Nueva York porque decía que la música no le era útil por su falta de odio musical: “Me doy perfecta cuenta de los paralelismos entre las artísticas formas de la música y las de la literatura; especialmente en materia de estructura, pero, ¿qué puedo hacer si mi cerebro y mi oído rehúsan cooperar?

¿Cómo escribís vosotros?

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