Reedición de “Memoria de tonos sepia”

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Reedición de “Memoria de tonos sepia”, una novela que escribí en el 2007 y publiqué (de forma experimental en la editorial LULU de autoediciones) allá por un lejano 2008. Esta segunda edición está aumentada y corregida (ha pasado de las 45.000 a las casi 60.000 palabras) aunque sigue manteniendo la estructura de novela corta (que suele ir de las 20.000 a las 70.000 palabras).

Se trata de una novela de misterio en el sentido clásico (o un thriller en el sentido cinematográfico) donde se plantea un juego donde el lector se ha de dejar llevar por el autor por un camino (que no es obvio) y que le ayude a comprender cuál es el juego que esconde ese otro juego literario. La mejor definición sería definirla como una novela sobre juegos (y juguetes). También una novela “física” donde la ciudad es un elemento más (en realidad la ciudad es el protagonista principal) y donde todo es tangible: el dolor, la lluvia, las dudas… ¿Qué sucedería si un día despiertas en un lugar que no conoces, tampoco recuerdas quien eres y además, de repente, te das cuenta que algunos de los habitantes de la ciudad parecen estar jugando contigo?

“Memoria de tonos sepia” está estructurada en capítulos cortos (a modo de escenas cinematográficas o capítulos televisivos) donde las historias se cruzan tejiendo un thriller que, poco a poco, el lector comienza a comprender en toda su magnitud (cada capítulo esconde una frase o una palabra que ayuda en la comprensión del argumento). Aunque tampoco es una novela que requiera de un esfuerzo por parte del lector pues, de no hallar las pistas, encontrará algunas explicaciones en el último tramo del relato.

Personalmente considero esta novela una especie de thriller visual (y algo retorcido), es una novela negra, aunque no en el sentido exacto (a pesar de compartir escenarios comunes) donde propongo al lector un misterio que debe resolver al mismo tiempo que los protagonistas: el lector nunca va por delante de los personajes, dispone de la misma información que ellos, no obstante, al tener la visión de todos los personajes, puede encontrar una solución

Sinopsis: La acción de esta novela transcurre en una oscura ciudad, en el comienzo de un frio invierno. Varias personas despiertan sin memoria, en escenarios diferentes, lo que solo puede significar que el juego ha comenzado de nuevo. Una historia de falsas apariencias, una excusa para continuar jugando proporcionando al lector pistas que deberá unir para descubrir la imagen que esconde este complejo rompecabezas.

La podéis comprar en AMAZON tanto en versión impresa (11,86 €) como en digital (4 €). ¡Espero que os guste!

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De la novela al cine

El lenguaje cinematográfico y el lenguaje literario son, por características propias, lenguajes diferentes, casi estancos, impermeables y con sus respectivos pros y contras. Aunque, no obstante, seguimos comparándolos como si se tratasen de un mismo (o parecido) lenguaje. ¿Cuántas veces hemos escuchado eso de “la novela es mejor que la película” o a espectadores quejándose amargamente porque la película no contiene algunos de los pasajes que más les gustaron de la novela?

Porque, como consecuencia de ser lenguajes diferentes, también tienen “tempos” diferentes. Una novela llevada de forma “literal” al cine, además de ser incompleta, sería incomprensible, duraría horas… y, aunque hiciésemos justicia al libro, jamás le haríamos la justicia que merece. Sencillamente, es como si alguien que no sepa hablar ruso pretende leer “Guerra y Paz” en el idioma en el que fue escrito originalmente. La adaptación de una novela al cine exige eliminar capítulos, personajes, incluso transformar la trama, aligerar los diálogos… quedarse con la esencia, sin más.

El cineasta Alex De La Iglesia dice al respecto; “al principio sientes veneración por la obra y te obsesionas con ser fiel, pero en una segunda fase le tienes que perder el respeto y tener la libertad necesaria para hacer la película como si no existiera la novela”. Y esa es la clave, olvidar la estructura literaria. El novelista Javier Marías dice “”El planteamiento suele ser cómo empequeñecer la obra, cómo reducir y, por tanto, es un empobrecimiento. Eso no quiere decir que las películas adaptadas sean peores; a veces es al revés: de una novela mediocre sale una gran película. De lo que sí soy partidario es de que se guarde fidelidad al espíritu de la obra literaria. Pero eso es algo evanescente y, ¿quién lo define? Quizás los propios autores. Yo creo que al cabo del tiempo se olvidan los argumentos, pero lo que quizás permanece es una especie de clima, una atmósfera”. De nuevo, olvidar todas y cada una de las páginas de la novela y quedarse tan solo con su espíritu.

Traicionar al escritor y a su obra, por supuesto. Esa es la única manera.

Además de que ninguna novela puede ser adaptada al cine con el mismo lenguaje con el que fue creada, existen otras novelas que son imposibles de adaptar (por muchas vueltas de tuerca que les des). Sería un suicidio intentar adaptar al cine novelas como “La broma infinita” o “El guardián entre el centeno”. Los libros complejos, sin un argumento definido o con profusión de dialogo interior nunca podrán trasladarse a imágenes. El espectador necesita un argumento sin decenas de subtramas, necesita diálogos diferentes a los literarios (más agiles), el espectador del cine nunca accederá al dialogo interior de los personajes de las novelas y, además, a diferencia de la novela, en la gran pantalla todo debe resultar más realista (porque es más visual).

Mientras en una novela podemos hacer que un personaje pase de A a Z sin demasiados pasos (gracias al dialogo interno), en el cine para que un personaje vaya de A a Z ha de pasar por la B, la C, la D… etc. y, además, lo hemos de ver.

Pese a ello, continúan adaptando novelas al cine porque el esqueleto de la novela (aquello que cuenta, no como lo cuenta) es una historia atractiva y también porque adaptar una novela que ha tenido un gran número de lectores te regala miles de potenciales (y predispuestos) espectadores.

La próxima vez que veis la adaptación en el cine de una novela que hayáis leído recordad siempre: son cosas diferentes, son productos diferentes, incluso historias diferentes…

Una curiosidad: el personaje con más películas en la historia del cine no es invención de ningún guionista, ni un personaje histórico. Irónicamente se trata de un personaje literario: Sherlock Holmes (las novelas de Arthur Conan Doyle sobre el detective se han adaptado al cine en 207 ocasiones). ¿Por qué? La respuesta es fácil: las novelas de Sherlock Holmes, además de rabiosamente entretenidas, tienen un narrador (Holmes) que convierte al lector en espectador.

Autores favoritos (2)

Continuo con la lista de mis autores favoritos, aunque esta no es una lista de los mejores autores de la literatura, tampoco los que creo que son mejores. La subjetividad es mala compañera de las listas. Por eso, mi lista de autores favoritos es solo eso, una lista personal de los autores que más placer me causan. Vosotros tenéis vuestras listas, otros tendrán otras listas, y ni tan siquiera sumando esas listas obtendríamos “la lista”.

De todas formas, os recomiendo un libro titulado “1001 libros que hay que leer antes de morir” donde (quizás) algunas de las novelas que menciona pueden resultar una (agradable) sorpresa. De todas formas, huid de esa lista, de mi lista, huid de cualquier lista. Solo hay una lista correcta: la vuestra, esa misma que nace de la subjetividad.

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Josep Pla, porque resulta curioso que alguien que solo ha escrito una o dos novelas (“El quadern gris” o “El carrer estret“) tenga una de las obras más extensas, literariamente perfectas y modernas que existen. Es difícil poner a Pla en cualquier lista de novelistas preferidos porque no es un novelista en el sentido más estricto de la palabra. Es, con toda seguridad, el escritor que mejor ha sabido encontrar los adjetivos adecuados para cada momento. Un observador, un payés de pueblo, un abosluto genio.

Richard Matheson, porque, a pesar de ser un novelista comercial e infravalorado, ha escrito una de las obras cumbre de la literatura en la forma de esa genialidad titulada “Soy leyenda”. Matheson escribía novelas de terror, de ciencia ficción y, además, era guionista de “La dimensión desconocida”. Matheson es el autor de clásicos como “El hombre menguante”, “El último escalón”, “La casa infernal”, “En algún lugar del tiempo”, “Más allá de los sueños” y de muchas otras novelas o relatos que habéis visto adaptadas al cine sin saber a quién pertenecían. Un maestro de la narración, del argumento y un artista en darle una vuelta de tuerca más de lo necesario sin que lo parezca. Un autor adictivo como pocos.

Road Dahl, porque, simplemente, es uno de los novelistas más divertidos, entretenidos, tiernos u ocurrentes que uno pueda encontrar. Quizás su técnica esté acartonada y no sorprenda, pero sus historias (tanto para niños como para adultos) tienen esqueletos argumentales simplemente geniales. Road Dahl es la demostración de lo que un buen argumento puede hacer por un libro (el fondo por encima de la forma).

G.K. Chesterton, porque, más allá de ser conocido por sus novelas del Padre Brown, es uno de los autores más descacharrantes, originales y literariamente retorcidos que existe. Es como juntar a los Monty Pyhton con Robert Graves y echarle unas gotas de la encíclica vaticana. Un coctel que nadie debería perderse. Es, sin lugar a dudas, el precedente de todos esos autores ingleses que bordan la ironía sin pestañear (como R. Y estamos hablando de un hombre que empezó a publicar en el siglo XIX. Un adelantado a su época que nunca pasa de moda (como Josep Pla).

(continuará)

Música (o ruido) para escribir mejor

Existen muchas maneras (legales e ilegales) de estimular la creatividad. Todos sabemos de escritores, músicos, actores, pintores, etc. que utilizaron las drogas a modo de recurso creativo e incluso pagaron con su vida esta práctica. Las drogas nunca convertirán a un inútil en el paradigma de la creatividad, pero sí que pueden ayudar a quien haya sido tocado por la varita de la diosa Aglaya.

En realidad, lo que hacen algunas drogas es disminuir la actividad del lóbulo prefrontal, lo cual permite fluir al pensamiento espontáneo: al bloquear el juicio, la moral y el pensamiento social, se liberan pensamientos más ilógicos u originales como consecuencia de la conexión de nuestra parte racional con la parte del cerebro que almacena ideas y conocimientos (almacenados previamente en el cerebro). Esta ordenación ilógica de conocimientos reales es lo que permite una creación diferente a cuanto conocemos.

A costa de nuestra salud, claro (todos conocemos como acabaron muchos de estos artistas).

¿Existe alguna otra manera de estimular la creatividad sin riesgo para nuestra salud? Por supuesto, existen cientos, desde leer a autores que nos estimulen, hasta un ambiente propicio para la creatividad o la música. Aunque ahora voy a centrarme únicamente en los estímulos sonoros. Para escribir yo utilizo dos tipos de estímulos sonoros, a saber: los propios de la vida (el murmullo de la gente en un bar, el sonido de la lluvia o los truenos) y la música.

Aquí os dejo algunos enlaces de generadores de sonido ambiente (todo son páginas web y todas gratuitas):

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En cuanto a los ruidos propios de la vida diaria, parece incomprensible, pero existen ciertos sonidos que estimulan nuestra creatividad. Incluso existen páginas donde nos sirven un catálogo de estos sonidos a modo de estímulo. Personalmente utilizo los ruidos propios de la cafetería, la lluvia o el traqueteo del tren. Estos sonidos son estimulantes, pero lo son a corto plazo porque demasiado tiempo con este sonido repetitivo acaba dando el resultado contrario.

En cuanto a la música, si la escogemos adecuadamente, puede resultar de lo más estimulante tanto a corto como a largo plazo (incluso en largas sesiones de escritura). Lo primero que hago es crearme una lista de reproducción (en spotify o en youtube) donde voy añadiendo aquellas músicas que creo más acorde al texto que voy a escribir (que mejor me estimulen). Siempre utilizo música de películas e intento huir de la épica. Es decir, utilizo música que subraye pero que no empuje (es decir, que acompañe, no que dirija). Encontrar ese tipo de música no me resulta especialmente complicado porque soy un obseso de las bandas sonoras (desde pequeño) y es un mundo que domino de forma inconsciente. Incluso antes de confeccionar la lista de reproducción, mi cabeza ya tiene en mente que piezas de que bandas sonoras serán las adecuadas. A medida que avanzan los días y la escritura, la lista de reproducción cambia, eliminando algunas piezas y añadiendo otras (de forma paralela al texto). Al final tenemos una lista de piezas que nos (me) ayudan a escribir día tras día sobre el mismo tema. Pero cuidado: solo nos empujan, nada más… si no sabemos de qué escribir o no sabemos escribir, el escuchar música será tan útil para nuestra creatividad como meter la cabeza en un cubo de lejía.

Aquí os dejo la lista de música que utilicé mientras escribía “La ligereza de la grava” (pinchar en el icono YOUTUBE)

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Utilizar música para escribir es un recurso habitual de cualquier escritor, Milan Kundera y Javier Saramago escribían acompañados de Beethoven, Juan Marsé y Julio Cortazar acompañados de jazz, Gabriel García-Márzquez con música de The Beatles.

Uno de los escritores que más han explicado la conexión entre música y literatura (intengradola incluso como un personaje más de sus novelas) es Stephen King quien asegura que crea sus novelas al ritmo de música heavy a todo volumen. En su libro “Mientras escribo” dice: “Conviene dentro de lo posible que en el ambiente de trabajo no haya teléfono, y menos televisión o videojuegos para perder el tiempo. Yo trabajo con la música a tope (siempre he preferido el rock duro, tipo AC/DC, Guns n’ Roses y Metallica), pero solo porque es otra manera de cerrar la puerta. Me rodea, aislándome del mundo. Escribir consiste en crearse un mundo propio

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Fotografía de la (infame) banda de rock “Rock Bottom Remainders” cuyos integrantes son reconocidos novelistas.

En mi caso no escucho canciones al uso (es decir, huyo de la voz) porque cualquier palabra que escuche me distrae de mis propias palabras (aunque este en otro idioma, curioso ¿verdad?). Se trata, simplemente, de encontrar aquello que os resulte más estimulante y no os castigue el hígado o destruya vuestras neuronas.

Quizás otra solución consista en huir de la música como elemento catalizador de la creatividad. Vladimir Nabokov (autor de “Lolita”) escribía en un piso absolutamente insonorizado de Nueva York porque decía que la música no le era útil por su falta de odio musical: “Me doy perfecta cuenta de los paralelismos entre las artísticas formas de la música y las de la literatura; especialmente en materia de estructura, pero, ¿qué puedo hacer si mi cerebro y mi oído rehúsan cooperar?

¿Cómo escribís vosotros?

Comprar sin pagar (o la vergonzosa justificación del sinpa)

Lo reconozco, me he convertido en un delincuente: anoche me fui de un local sin pagar lo último que consumí (todo legal, aclaro). Lo que se conoce vulgarmente por hacer un “sinpa”, vamos. No se si resulta más descorazonador hacer un sinpa recién cumplidos los cincuenta años o que hasta los cincuenta nunca haya hecho antes un sinpa. El vaso medio vacío o medio vacío. Debe ser la resaca que aún sigue aferrándose a mis escasas neuronas. Podría argumentar que tardaron mucho en servirnos, que se equivocaron con las copas o que los lavabos parecían salidos de una entrega de “50 sombras de Grey”, aunque todo eso sería una excusa de mal pagador (o no pagador). Y es que el local también tenía cosas magnificas, muchas, demasiadas. Así pues, la excusa del sinpa no me convence ni a mí, que soy abogado defensor. Podría decir también que he estado toda la noche sin dormir o que ahora mismo la culpa corroe mis entrañas, pero resulta que he dormido como un bebé y que lo único que corre mis entrañas son los últimos coletazos de la cena luchando por abrirse paso.

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¿Por qué hablo en este blog de literatura sobre todo esto? Porque mi nueva carrera delictiva me ha retrotraído a otra anterior: la de descargar ilegalmente películas, música… y libros. En efecto, lo reconozco, me he descargado algún que otro libro, hurtándole al autor alguna de sus míseras regalías. Y, lo más irónico de todo, hace poco descubrí mi novela en una página donde podías descargártela gratuita e ilegalmente (la misma página donde yo me descargaba novela de otros). Justicia poética, otros le llaman “karma”, o sea que ahora soy un delincuente y, como consecuencia, otros se comportan como delincuentes conmigo, con mi obra. Por supuesto, esos gintonics que dejamos sin pagar anoche también eran obra de alguien, de un camarero al que le gusta recibir su sueldo a fin de mes.

Pero relativicemos un poco todo… porque esta delincuencia de salón es tan vergonzosa como inofensiva. No he matado a nadie ni nadie me ha matado. Así pues, el castigo, la culpa o el dedo que te señala debería ir en función del delito.

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No me quejo porque alguien se descargue ilegalmente mi obra. Es más, diría que lo agradezco porque considero que cualquier autor que se precie pone por delante el que su obra llegue a todos lados que el convertirse en el juntaletras más rico del barrio.

A pesar de todo eso, lo reconozco: anoche, durante unos minutos, me convertí en un maleante tambaleante. Y eso no tiene perdón. Eso sí, fue un Bonnie & Clyde en toda regla porque fue ella quien me empujó al delito.

Reseña en “Libros y literatura”

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Y aquí os dejo una nueva reseña (crítica) de “La ligereza de la grava” que Roberto Maydana ha escrito para la web “Libros y literatura”.

Con cada reseña, con cada crítica, uno se da cuenta que lo importante no es que te digan lo que quieres oír sino lo que no quieres oír, esa es la única manera de mejorar, de aprender, de adaptarse…

Reseña de “La ligereza de la grava” en LIBROS Y LITERATURA