Autores: John Fante

John-Fante

Siempre resulta peligroso juzgar a los autores más allá de su obra, entrando en lo personal y tomando un punto de vista que no nos pertenece. O al menos no podemos juzgar a ciertos autores con los parámetros del siglo XXI de la misma manera que no podemos juzgar el descubrimiento de América (genocidio dicen algunos) ni tampoco podemos jugar lo sucedido hace 50 años con una mentalidad progresista propia del siglo XXI. ¿Por qué digo esto? Porque voy a mencionar a un autor que adoro por su obra y que muchos odian por quien era.

Adoro a Charles Bukowski y él adoraba a John Fante de quien siempre dijo había sido su inspiración. En el prólogo del “Pregúntale al polvo” (de John Fante), Bukowski explica cómo descubrió esta novela en una biblioteca, después de aburrirse con otros cientos de libros, y como esta novela le empujó a convertirse en quien sería uno de los novelistas y poetas más odiados y admirados de finales del siglo pasado.

“Las líneas se encadenaban con soltura a lo largo de las páginas, allí había fluidez. Cada renglón poseía energía propia y lo mismo sucedía con los siguientes. La esencia misma de los renglones daba entidad formal a las páginas. La sensación de que allí se había esculpido algo. He allí, por fin, un hombre que no se asustaba de los sentimientos. El humor y el sufrimiento se entremezclaban con sencillez soberbia.”

Estoy convencido de que Fante y Bukowski son, en realidad, la misma persona en épocas diferentes. Sus obras no son paralelas porque pertenecen a generaciones marcadas por el tipo de literatura que se hacía (o se podía hacer). No obstante, si afirmamos que Bukowski fue el rey del realismo sucio, en realidad fue John Fante quien inventó este género (aunque de forma involuntaria) cuarenta años antes. De John Fante adoro todas y cada una de sus palabras, esa prosa aparentemente fácil que esconde una bomba de relojería: sus párrafos son de una perfección asombrosa, donde no falta ni sobra ni una sola palabra, avanzando poco a poco para que, cuando estamos confiados, nos atiza un golpe tras otro. Que no os engañe la aparente facilidad con lo que se lee a John Fante, en realidad esa facilidad es algo buscado y casi imposible de conseguir. Es un cuidado descuido, un engaño con un firme propósito. ¿Ligereza y realismo sucio? Definitivamente, Fante era un genio.

Descubrí a John Fante con la novela “Llenos de vida”, una novela “aparentemente” ligera que cuenta sobre esa sociedad norteamericana que pretendía ser cool a cualquier precio en los años cincuenta. A medida que avanza la novela, esa ligereza se convierte en un mazazo sobre las relaciones padres/hijos, las raíces, las falsas ilusiones y las vidas vacías.

Coged cualquier novela de John Fante, da igual cual, incluso aunque leáis las novelas protagonizadas por Bandini desordenadas (igual que Fante tenía a Bandini en su alter ego, Bukowski tenía a Chinaski). Simplemente coged una novela de John Fante y leed, hacedme caso.

John Fante, el maestro de la sencillez narrativa (Jot Down Magacine)

John Fante, la gran tragicomedia americana (ABC Cultural)

El hombre que destruía vidas en 20 palabras (EL PAIS cultura)

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Autores: Charles Bukowski

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A la hora de enfrentarse al Charles Bukowski autor, uno no puede evitar recordar que detrás está el Bukowski persona (o personaje): un tipo violento, machista, adictivo, misógino, egocéntrico, rudo y maleducado. Pero también una persona sensible, débil, cariñosa, divertida y un genio de la literatura. Si uno consigue abstraerse de lo que significaba la persona, se encontrará con uno de los autores más importantes de la nueva narrativa norteamericana del Siglo XX. Un poeta y novelista absolutamente magistral, con una capacidad de síntesis y un manejo de la lengua que ya querrían el resto de sus contemporáneos. Leer a Bukowski es enfrentarse a lo más elemental que hay en la literatura: el ser humano en su vertiente más desnuda y sucia (el famoso “realismo sucio”). ¿Pero podemos separar al autor su obra? Deberíamos ser capaces de hacerlo. Bukowski se expuso al mundo tal y como era: absolutamente imperfecto. Otros autores, sabedores de su imperfección, prefieren esconderse tras novelas donde otros son los imperfectos (no ellos). Por eso, incluso en la ficción, Bukowski se inventó a Hank, su alter ego. Porque Henry Chinsaki (el protagonista de casi todas sus novelas) es Charles Bukowski, de eso no cabe ninguna duda.

En 1987 el cineasta Barbet Schroeder comenzó a rodar entrevistas con Bukowski aprovechando el rodaje de “El borracho” (basada en un relato de Bukowski). Lo que iba a ser un mero divertimento (o testimonio gráfico) se convirtió en más de 64 horas de entrevista a lo largo de 3 años. Finalmente se compuso un documental de aprox. 3 horas llamado “The Charles Bukowski tapes” que podéis ver aquí mismo si os apetece. Aviso: no es plato de gusto para cualquier paladar porque Bukowski se muestra tal y como es (incluida una agresión durante una de las entrevistas a la que después se convertiría en su esposa).

Hace años leí toda la bibliografía de Bukowski, sucedió antes de saber del autor (de la persona) y sucedió en una época cuando lo políticamente correcto no era lo principal en nuestro actual pensamiento casi único. He recuperado alguno de sus libros y sigo fascinado por su prosa directa y maravillosa pero también siento cierta contradicción pues lo que Bukowski fue (o representó en su alter ego Hank) es algo que no me gusta ni como hombre ni como ser humano.

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En la cocina de mi casa tengo colgado un poema de Charles Bukowski, firmado y dibujado por él en persona. Lo guardo como la auténtica joya es, pero también lo tengo ahí para recordar lo importante de ser tan buen autor como buena persona.

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