“Antropoides”, la contrucción de una novela (3): los personajes

Posiblemente, la escritura de la novela “Antropoides” sea el reto más complejo a lo que, como escritor, me haya enfrentado jamás. La escritura de una novela suele ser un acto de esfuerzo y disciplina, aunque, dependiendo del género, el desarrollo o la longitud del texto, escribir una novela también puede ser algo ágil y divertido.

No creo que repita la experiencia de escribir una novela como esta, el resultado es, desde mi punto de vista, más que bueno. Pero el esfuerzo ha resultado demasiado y uno no tiene edad para ciertos excesos, aunque sean intelectuales. Me propuse escribir “Antropoides” como una especie de reto por entender si podía moverme en el thriller psicológico. La experiencia me ha desmostrado que puedo moverme como pez en el agua en el género, pero aún no sé si es lo que busco como escritor. Escribir un thriller siempre es complejo y si, además, pretendes ahondar en la psicología de los personajes, entonces el trabajo es doble. O triple. No se trata solo de escribir sino de construir personalidades complejas a modo de personajes, interactuando de manera más compleja aún donde todo debe acabar perfectamente encajado. En realidad “Antropides” no es un thriller al uso pues el lector no tiene que descubrir que sucede, se le da toda la información, su juego consistirá en acompañar a los personajes y disfrutar de los giros de la historia

“Antropoides” nace de mi absoluta adoración por la obra de Patricia Highsmith y el asombroso control que tenía la escritora acerca de la psicología de los personajes y la manera de proyectarlo hacia el lector. Leer una novela de Patricia Higshmith es sumergirse en la psicología de personajes enfermos y retorcidos cuyos actos crean historias cercanas a la novela negra. Con “Antropoides” he intentado hacer lo mismo, proyectando la historia desde dentro de los personajes, desde su psicología, en vez de limitarme a narrar una situación. En “Antropoides” cada personaje actúa de una manera diferente donde, basándonos en su construcción psicológica, podemos, como lectores, anticiparnos a sus actos. “Antropoides” es un thriller donde el lector es un observador privilegiado que tiene más información que nadie y quien observa a todos esos personajes interactuando a modo de partida de ajedrez. Aunque eso no implica que todo sea lógico pues esta novela transcurre en ese universo donde los personajes actúan de manera “diferente” a como lo haríamos nosotros. Eso siempre que imaginemos que nosotros actuamos de manera “normal”, claro. ¿Aunque quien es normal?

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Como demostraba Richard Matheson en su grandiosa novela “Soy Leyenda”: la normalidad es solo una cuestión numérica. Así pues, si todos los personajes de “Antropoides” se comportan de manera terriblemente parecida dentro de los parámetros del delito, la mentira, la venganza y el dolor… ¿son normales? ¿y nosotros?

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“Antropoides”, la contrucción de una novela (2): música para escribir

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Muchos escritores se sirven de la música como un elemento mas del proceso creatrivo, otros prefieren hacerlo en silencio e incluso hay un famoso escritor patrio que se jacta de escribir escuchando la cadena SER en la radio. Stephen King escribe escuchando hard rock a todo volumen y Paulo Coehlo escribe escuchando a Mozart. No cabe duda de que la música influye en la escritura y según el tipo de música que escuchemos, nuestras emociones se plasmaran de maneras diferentes en nuestra realidad escrita. La música condiciona la escritura, eso siempre, para bien o para mal. Aunque no es lo único que influye en la escritura, también hay otros factores como el momento del día, el tiempo metereológico, lo lecturas que tenemos en vuelo, como nos sentimos, etc.

Yo utilizo listas de Spotify (o de Youtube) para escribir, en su mayoría es música clásica o música de películas. He descubierto que la música donde hay un cantante me distrae y me saca de la escritura, aunque canten en otro idioma, curioso.

Os dejo aquí la lista de Spotify que he utilizado para la escritura de “Antropoides” que se publicará en diciembre.

https://open.spotify.com/embed/user/rirocbel/playlist/60J0WOSwwa3eVNE7JZmj24

 

“Antropoides”, la contrucción de una novela (1)

Quien crea que escribir una novela es algo sencillo que puedes comenzar al caer la noche, justo después de lavar los platos de la cena y antes de ir a dormir, entonces tengo un consejo: dejéis de escribir, de acuerdo, pero hacedlo desde el placer que provoca la lectura, no importa que acabéis o no una novela. La novela es solo un paso más, pero no debería ser el objetivo por encima de todo. Escribid por puro placer, como quien degusta una chocolatina o se fuma un pitillo, como quien sube una montaña o baja al fondo del océano. Sin pretender hazañas más allá del placer propio e irrepetible de escapar a lo cotidiano. También se puede escribir porque la escritura nos evade, como quien lee o mira una película.

No obstante, escribir una novela es algo realmente complejo. Yo puedo grabar videos con mi móvil, pero rodar una película es más que todo eso. Puedo cantar en un karaoke, pero ser cantante es más que todo eso. Escribir una novela puede hacerlo cualquiera, estoy convencido (de ahí el título de este lema: escribir es fácil) pero también requiere de un esfuerzo y una disciplina que hay que entender antes de comenzar. Durante le escritura de “Antropoides” dediqué parte de mi tiempo a tomar nota de ese esfuerzo, difícil de cuantificar, pero fácil de enumerar.

Invertí en una primera escritura cerca de medio año, escribiendo alrededor de dos horas al día (excepto fines de semana). La primera escritura requirió cerca de 300 horas de trabajo.

El planteamiento de la primera escritura, obviando el trabajo previo, era escribir 1000 palabras al día y para ello utilicé un gráfico de control que me ayudase a saber si lo estaba logrando. Aquí tenéis un ejemplo de lo que utilicé: la línea verde son las 1000 palabras al día (mi objetivo) y la línea roja fue la media que conseguí. Como podéis ver, mi media rondaba las 1500 palabras al día lo que, en dos horas de trabajo diario, es un ritmo más que aceptable. Para los que contáis en cuartillas, son más o menos cinco. Aunque os recomiendo que contéis siempre en palabras.

 

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En las tres reescrituras (o revisiones) siguientes de la novela invertí cerca 150 horas. Medio año de trabajo a razón de una hora al día excepto fines de semana.

Aquí podéis ver un gráfico donde se aprecia cómo, en cada revisión, el número de palabras se incrementaba. La primera versión de la novela tenía 80471 palabras y la última versión de la novela alcanzaba casi las 140000 palabras (425 páginas) lo que significa que reescritura a reescritura, la novela se expandía en todas direcciones. Esto suele ser habitual, aunque también hay escritores que, en las escrituras, se enfocan en eliminar lo innecesario, reduciendo palabras y páginas. Esta parte, es la más compleja. ¿Quién es capaz de cortarle un dedo a un hijo?

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Escribir es fácil, pero acabar una novela es un acto de disciplina donde deberéis invertir horas y más horas de vuestra vida. ¿Queréis eso? Adelante, pero una novela no se escribe en tres meses. O al menos yo no soy capaz.

 

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“Antropoides” saldrá a la venta en Diciembre de 2017 en AMAZON

 

Ficción Vs Realidad

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El otro día, la esposa de un amigo, se quejó (bordeando el melodrama) por el hecho de que yo incluyese el nombre (y apellido) de él en mi novela “La ligereza de la grava”. Su queja fue de lo más surrealista porque, mientras se quejaba, le preguntaba a él si lo que yo había hecho era legal. Como si yo no estuviese delante, como si él fuese el mejor de los abogados en vez de un hábil mecánico. El marido, muerto de risa, no daba la menor importancia. Todo y que el personaje no era el más agraciado de la novela.

La realidad es que podemos bautizar con el nombre que queramos a cualquier personaje que siempre que esté dentro de la absoluta ficción (enmarcado, además, en una novela de ficción). En mis novelas, suelo utilizar nombres de personas porque me ayuda a dotar al personaje de una apariencia física o forma de actuar donde me siento cómodo, es entonces cuando la ficción y la realidad van unidas. Imagino que haría mi amigo o amiga en la novela. Después suelo cambiarles el nombre y el personaje queda perfecto, con una suave patina de realidad.

Actualmente estoy con la última revisión de una novela (que se publicará en septiembre) y en el primer capítulo aparece un lugar y unas personas conocidos por mí, por los míos y por media ciudad. El problema viene porque lo que sucede en ese capítulo no es nada amable para sus protagonistas. Y lo peor de todo es que lo he anclado a la realidad más absoluta, ayudándome de descripciones que no pueden llevar al equívoco. Aunque cambiase los nombres antes de publicarlo, la referencia al lugar y a las personas es inevitable. ¿Qué debería hacer? El poder de ese primer capítulo radica en que está escrito en base a la realidad y cambiar eso, a estas alturas de la novela, ya acabada, significaría cambiar gran parte de la novela.

¿Qué debo hacer? ¿Publicarla y rezar a algún Dios deconocido para que nadie capte las referencias? En realidad, utilizar esas personas y ese lugar podría constituir una falta de respeto, aunque no hay un atentado a la intimidad (explico lo que me transmiten, no cuento más), ni tampoco es un acto contra la marca (el bar). No cuento nada que nadie no sepa ya o haya visto ya, pero el hecho de ponerlo en una novela le otorga oficio a lo que es un simple punto de vista totalmente subjetivo.

Creo que me quedan muchas horas de revisión para solucionar el maldito embrollo. ¿Podré tenerlo solucionado para septiembre? Quién sabe, aunque escribir es tan y tan divertido…

Escribir desde la experiencia

Tarzan-of-the-ApesHay escritores que no tienen ese tipo de vida que podriamos considerar como “interesante”, sino que permanecen anclados en ese conformismo de lo cotidiano. A pesar de ello, pueden ser escritores que fabulen después magníficas novelas que lleguen a lugares donde ellos nunca serán capaces de llegar. En el otro extremo hay escritores que crean su obra desde la verdad, desde todo lo vivido y visitado y también consiguen magnificas novelas que reflejan todo cuanto han sentido realmente. Dicen que para conocer y conocerse hay que viajar, dicen que para escribir hay que leer, dicen que para vivir hay que sufrir. Tonterías. Bueno, dicho de otra manera: chorradas.

615WItilpgL._SX322_BO1,204,203,200_Por descontado que somos aquello que vivimos. Pero no necesariamente esa vida se reflejará en mayor o menor medida en aquello que escribimos. Hay gente que viaja continuamente y es incapaz de escribir dos líneas medianamente emocionantes sobre todo cuanto han vivido. Por otro lado, las novelas que mejor han descrito la selva africana fueron escritas por Edgar Rice Burroughs quien nunca en toda su vida visitó África. ¿Acaso los psicópatas pueden describir mejor a un personaje psicópata? O dicho de otra manera: ¿Acaso Thomas Harris (autor de “El silencio de los corderos”) creó un personaje tan potente como Hannibal Lecter porque, además de escritor, era un caníbal asesino? ¿Acaso los responsables de imaginar los mundos donde transcurre la acción de la trilogía de “El señor de los anillos” o la serie de novelas de “Juego de tronos” han vivido todo cuando, cuanto, donde y como lo cuentan? Y no hablo solo de la ficción mas extrema, hablo también del drama, la comedia o un simple cuento infantil.

Que la experiencia nos haga mejores, o al menos nos regale un punto de vista diferente (por el efecto de la comparación), es un hecho indiscutible. Aunque quien crea que la experiencia es el motor del arte cae en el error de pensar que solo la experiencia, la inspiración o el talento son los elementos que distinguen lo mediocre de lo excelente.

Música (o ruido) para escribir mejor

Existen muchas maneras (legales e ilegales) de estimular la creatividad. Todos sabemos de escritores, músicos, actores, pintores, etc. que utilizaron las drogas a modo de recurso creativo e incluso pagaron con su vida esta práctica. Las drogas nunca convertirán a un inútil en el paradigma de la creatividad, pero sí que pueden ayudar a quien haya sido tocado por la varita de la diosa Aglaya.

En realidad, lo que hacen algunas drogas es disminuir la actividad del lóbulo prefrontal, lo cual permite fluir al pensamiento espontáneo: al bloquear el juicio, la moral y el pensamiento social, se liberan pensamientos más ilógicos u originales como consecuencia de la conexión de nuestra parte racional con la parte del cerebro que almacena ideas y conocimientos (almacenados previamente en el cerebro). Esta ordenación ilógica de conocimientos reales es lo que permite una creación diferente a cuanto conocemos.

A costa de nuestra salud, claro (todos conocemos como acabaron muchos de estos artistas).

¿Existe alguna otra manera de estimular la creatividad sin riesgo para nuestra salud? Por supuesto, existen cientos, desde leer a autores que nos estimulen, hasta un ambiente propicio para la creatividad o la música. Aunque ahora voy a centrarme únicamente en los estímulos sonoros. Para escribir yo utilizo dos tipos de estímulos sonoros, a saber: los propios de la vida (el murmullo de la gente en un bar, el sonido de la lluvia o los truenos) y la música.

Aquí os dejo algunos enlaces de generadores de sonido ambiente (todo son páginas web y todas gratuitas):

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En cuanto a los ruidos propios de la vida diaria, parece incomprensible, pero existen ciertos sonidos que estimulan nuestra creatividad. Incluso existen páginas donde nos sirven un catálogo de estos sonidos a modo de estímulo. Personalmente utilizo los ruidos propios de la cafetería, la lluvia o el traqueteo del tren. Estos sonidos son estimulantes, pero lo son a corto plazo porque demasiado tiempo con este sonido repetitivo acaba dando el resultado contrario.

En cuanto a la música, si la escogemos adecuadamente, puede resultar de lo más estimulante tanto a corto como a largo plazo (incluso en largas sesiones de escritura). Lo primero que hago es crearme una lista de reproducción (en spotify o en youtube) donde voy añadiendo aquellas músicas que creo más acorde al texto que voy a escribir (que mejor me estimulen). Siempre utilizo música de películas e intento huir de la épica. Es decir, utilizo música que subraye pero que no empuje (es decir, que acompañe, no que dirija). Encontrar ese tipo de música no me resulta especialmente complicado porque soy un obseso de las bandas sonoras (desde pequeño) y es un mundo que domino de forma inconsciente. Incluso antes de confeccionar la lista de reproducción, mi cabeza ya tiene en mente que piezas de que bandas sonoras serán las adecuadas. A medida que avanzan los días y la escritura, la lista de reproducción cambia, eliminando algunas piezas y añadiendo otras (de forma paralela al texto). Al final tenemos una lista de piezas que nos (me) ayudan a escribir día tras día sobre el mismo tema. Pero cuidado: solo nos empujan, nada más… si no sabemos de qué escribir o no sabemos escribir, el escuchar música será tan útil para nuestra creatividad como meter la cabeza en un cubo de lejía.

Aquí os dejo la lista de música que utilicé mientras escribía “La ligereza de la grava” (pinchar en el icono YOUTUBE)

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Utilizar música para escribir es un recurso habitual de cualquier escritor, Milan Kundera y Javier Saramago escribían acompañados de Beethoven, Juan Marsé y Julio Cortazar acompañados de jazz, Gabriel García-Márzquez con música de The Beatles.

Uno de los escritores que más han explicado la conexión entre música y literatura (intengradola incluso como un personaje más de sus novelas) es Stephen King quien asegura que crea sus novelas al ritmo de música heavy a todo volumen. En su libro “Mientras escribo” dice: “Conviene dentro de lo posible que en el ambiente de trabajo no haya teléfono, y menos televisión o videojuegos para perder el tiempo. Yo trabajo con la música a tope (siempre he preferido el rock duro, tipo AC/DC, Guns n’ Roses y Metallica), pero solo porque es otra manera de cerrar la puerta. Me rodea, aislándome del mundo. Escribir consiste en crearse un mundo propio

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Fotografía de la (infame) banda de rock “Rock Bottom Remainders” cuyos integrantes son reconocidos novelistas.

En mi caso no escucho canciones al uso (es decir, huyo de la voz) porque cualquier palabra que escuche me distrae de mis propias palabras (aunque este en otro idioma, curioso ¿verdad?). Se trata, simplemente, de encontrar aquello que os resulte más estimulante y no os castigue el hígado o destruya vuestras neuronas.

Quizás otra solución consista en huir de la música como elemento catalizador de la creatividad. Vladimir Nabokov (autor de “Lolita”) escribía en un piso absolutamente insonorizado de Nueva York porque decía que la música no le era útil por su falta de odio musical: “Me doy perfecta cuenta de los paralelismos entre las artísticas formas de la música y las de la literatura; especialmente en materia de estructura, pero, ¿qué puedo hacer si mi cerebro y mi oído rehúsan cooperar?

¿Cómo escribís vosotros?