Lecturas imposibles para el verano: “Soy Leyenda” (Richard Matheson)

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“Soy Leyenda” es historia conocida por muchos… que pocos han leído. “Soy Leyenda” forma parte de la cultura popular gracias a las adaptaciones cinematográficas que ha tenido (algunas más afortunadas que otras, aunque todas imperfectas). Aaun y así, la novela sigue siendo esa gran desconocida. Y es una pena porque como novela es una pequeña obra maestra del terror (pulp), desvergonzado cruce entrre Lovecraft y Bram Stoker, un anticipo del mejor Stephen King.

Richard Matheson la publicó en 1954, en una época donde la ciencia ficción aun bebía de lo clásico y eso se nota porque “Soy Leyenda” es una mezcla entre lo antiguo y lo rabiosamente moderno, una rara avis que explora (como pocas) la psicología de la soledad. Una magnifica reflexión sobre la normalidad: ¿qué es lo normal? Por definición, lo normal es lo más común. Así pues, en un mundo futuro lleno de vampiros donde solo un hombre ha sobrevivido… ¿Quién es el normal? El vampiro, por supuesto. Y solamente, al final, el protagonista se da cuenta de su anormalidad y pronuncia esa magnifica frase donde se da cuenta que ahora, se ha convertido en una leyenda.

“Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo. Soy leyenda”.

Lo más interesante de la novela, además de estar magníficamente escrita, es que utiliza elementos pulp (vampiros contra humanos) para construir una preciosa fabula somo aquello en lo que nos convertimos. Precisamente por eso, su protagonista, no es un héroe. Es tan solo un mediocre obrero que ha sobrevivido y que aprende a sobrevivir mientras observa como la civilización se derrumba a su alrededor.

Y, a pesar de lo deprimente cuanto cuenta, “Soy Leyenda” se lee con alegría, con emoción y con inesperada reflexión. Una novela que devoras en apenas unas horas y te deja con ese sabor de boca de haber compartido una aventura que va más allá del mero divertimento.

No es una de las mejores cien novelas de la historia, no es una obra maestra, no marcó un antes y un después pero “Soy Leyenda” sigue siendo una excelente novela, ideal para leer en verano.

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Lecturas imposibles para el verano: “La broma infinita” (David Foster Wallace)

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¿Cómo es posible que la que se considera una de las novelas cumbres del postmodernismo en el Siglo XX apenas sea conocida por unos pocos lectores? ¿Alguien conoce “La broma infinita”? ¿No? Es normal… pero respecto a los que si la conocen: ¿cómo es posible que de todos aquellos que la adoran, apenas unos pocos hayan conseguido acabarla? Vaya por delante que “La broma infinita” no es una novela fácil de leer, no porque su complejidad (en realidad es más simple de lo que parece) sino porque la historia (o historias paralelas) está contada de forma circular con lo que el lector nunca entiende que se le está contando realmente o hacia dónde va la novela (si es que va en alguna dirección). La primera impresión es la de un puñado de escenas donde se nos habla de yonkies, jugadores de tenis, colegios mayores y madres, en un universo futuro (aunque pasado), quizás distópico. El lector nunca sabe dónde está porque el autor pretende desubicarlo para que olvide lo más importante de una historia: la historia. Y sobre todo porque la historia que nos cuenta David Foster Wallace no da para las 1200 páginas de este auténtico tocho. El autor prefiere que todos esos pasajes creen una especie de confusión donde la narrativa adquiere una nueva dimensión, rodeando unos diálogos surrealistas con unas descripciones funcionales y (en ocasiones) absolutamente geniales. Todo en “La broma infinita” es diferente a cuanto hayamos leído antes porque, aunque es lo mismo, no podemos reconocerlo. La gran broma (infinita) de un escritor maldito fue hacernos creer que estamos ante “Guerra y Paz” cuando en realidad estamos ante una historia mínima alargada hasta lo imposible donde apenas nunca pasa nada importante, aunque ofrece una radiografía del ser humano tan detallada que esta novela debería estar en el apartado de “Anatomía” en la biblioteca. Y a pesar de todo esto (tan extraña como imposible de acabar), es una novela que engancha como ninguna otra. ¿El motivo? ¡Que importa! Tampoco entras a la cocina a preguntar cómo han cocinado ese maravilloso lenguado al horno: lo devoras y punto.

Es por eso mismo por lo que se convierte en mi primera recomendación de lectura para este verano del 2017. Porque no vais a poder acabarla, porque no sabréis de que va, porque os sentiréis desubicados… pero también porque os saltareis cualquier otra actividad veraniega para leer unas líneas más. Avisados quedáis.